La base de fans de los artistas
- Rafael Romo Ramírez
- 26 feb 2024
- 2 Min. de lectura
Esta semana, al hablar con una amiga, surgió el tema de la base de fans de los artistas. Coincidimos en que al ser fan al que respetar a la personas y sus espacios. Mientras que dentro de un concierto o presentación es habitual los gritos y la manía. Es un escape parte de ese pan y circo a veces alabado y otras veces criticado. Los artistas a la vez son personas comunes que cumplen obligaciones familiares, sociales y cívicas. Admirar a una persona por su capacidad de plasmar emociones, sensaciones y situaciones que nos hagan sentir parte de su obra está bien. El hecho de idolatrarlos y defenderlos incondicionalmente es un error garrafal al que solemos caer.
Creo que el tema no es si separar al artista de su obra o no. Ese es un tema personal para guiarnos a que consumir y tener la sensación de cumplir un código moral. Sin embargo, a lo largo de los siglos ese código ha cambiado y las ideas siguen plasmadas igual. Lo que fue correcto ayer puede que no sea correcto hoy. Vuelvo a la idea del artista humano: sus acciones o pecados son similares, menores o peores que los nuestros. Bien lo dice el Evangelio de San Juan 8,7: «el que no tenga pecado, que arroje la primera piedra». Y al juzgar moralmente a un artista sería muy soberbio de nuestra parte y su foco social no es un trono de ética o guía moral. Estoy de acuerdo en que no debemos glorificar ni santificarlos, mas al consumir podemos ser críticos y decidir qué ideas aceptamos de ellos, qué admiramos y qué consumimos.

Es muy hipócrita desterrar, exiliar o cancelar a un artista y defender el derecho de libertad de expresión y a la vez consumir de empresas multinacionales que se quedan cortas en cuestiones éticas y morales. Al final de cuentas dentro del arte, como parte humana, habrán faltas, pecados o dolores. El tema de la justicia es tema del código civil y de las autoridades. Hay que juzgar el arte y ser crítico con lo que consumimos. Si el artista es un ser inmoral es cuestión de nosotros aceptar o no lo que menciona y jamás glorificar su vida como un ser celestial, santo o ciudadano ejemplar.
No justifico las abominaciones de ciertos creadores ni las condono, sin embargo, trabajo para poder analizar la obra, su vida y su situación y así sacar conclusiones propias sin tratar de privarme o ser juez del mismo. El arte siempre va con el artista pero ¿y contigo?
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